Inicio > Historia > Carisma Misionero > Carisma Misionero
Presentación
Historia
Historia del Colegio
Fundadora
Fundador
Carisma Misionero
Carácter Propio
Organización
Instalaciones
Servicios
AMPA San José
Escuela de Padres "Valentín Matilla"
Calendario Escolar
Revista escolar
Docentes
El rincón de pastoral
EDUCACIÓN INFANTIL
EDUCACIÓN PRIMARIA
EDUCACIÓN SECUNDARIA OBLIGATORIA
BACHILLERATO
OLIMPIADA MATEMÁTICA
LA PECERA
DEPARTAMENTO DE ORIENTACIÓN
REFUERZOS EDUCATIVOS VERANO 2010
RINCONET
INFORMACIÓN GRIPE A
VOLUNTARIADO BACHILLERATO
Carisma Misionero
SIERVAS DE SAN JOSÉ



Enviadas por Él y como Él, a continuar entre los pobres su presencia salvadora

 

E

n la calle de Las Mazas de Salamanca, a la sombra de la célebre Universidad y de monumentos llenos de belleza, como las dos catedrales y la Clerecía, nace el 6 de junio de 1837 Bonifacia Rodríguez Castro, hija de un sastre. Según costumbre de la época, su padre trabajaba en la propia casa, por lo que Bonifacia nace en un taller. Artesanos humildes y piadosos, sus padres continúan la tradición familiar de trabajo manual eligiendo para su primogénita, una vez concluidos los estudios primarios, el oficio de cordonera, que aprende a la perfección. Con él comienza a ganarse la vida por cuenta ajena a los quince años cuando, a la muerte de su padre, se ve en la necesidad de ayudar a su madre, viuda con cuatro hijas, a sostener la casa y familia, experimentando en su carne horarios agotadores y escasa remuneración por ser mujer.

La necesidad de trabajar para vivir configura desde muy temprano su recia personalidad. Es una de esas chicas salmantinas que tienen que trabajar fuera del hogar, corriendo peligros y experimentando la desaprobación social propios de esta condición. Pasadas las primeras estrecheces económicas, establece un “taller de cordonería, pasamanería y demás labores” de su propiedad. Atraídas por su testimonio de vida, varias amigas le piden reunirse con ella los domingos y festivos por la tarde, con el fin de verse libres de las peligrosas diversiones de la época, convirtiéndose así el taller de Bonifacia en un incipiente centro apostólico y social de prevención de la mujer.

En el año 1870 llega destinado a la Clerecía de Salamanca el joven jesuita catalán Francisco Butinyà i Hospital (Bañolas, Girona, 1834-Tarragona 1899) con una decidida opción apostólica a favor del mundo del trabajo manual. Estaba escribiendo la más emblemática de sus obras, La luz del menestral, que tenía como objetivo enseñarles que en cualquier ocupación podían encontrarse con Dios, como lo hicieron Jesús, María y José en su vida ordinaria en Nazaret.

Bonifacia Rodríguez, asidua feligresa de la Clerecía, capta enseguida el mensaje evangelizador de Francisco Butinyà en torno a la santificación del trabajo y lo toma como director espiritual. A través de ella entra Butinyà en contacto con las chicas que se reunían en su taller, la mayor parte trabajadoras manuales también, y el Espíritu Santo le sugiere un nuevo proyecto de vida religiosa inserta en el mundo del trabajo, teniendo a aquellas sencillas trabajadoras como protagonistas. E invita a Bonifacia a fundar con él la Congregación, naciendo así en la Iglesia las Siervas de san José. Un año más tarde, en 1875, Francisco Butinyà funda en Calella de la Costa (Barcelona) una nueva casa de Siervas de san José. Razones históricas hacen de esta comunidad el inicio de una nueva Congregación, las Hijas de san José. 

Siervas de San José misioneras

En 1926 la Congregación de Siervas de san José elige Cuba para su primera fundación fuera de España. Siguen fundaciones en Argentina y Portugal (1928), más tarde en Filipinas (1932). Las primeras misiones propiamente dichas, es decir, en territorio dependiente de Propaganda Fide, llegan con las fundaciones de Tamshyacu y Tingo María en el Perú (1948). La trayectoria de la Congregación entre los pobres fuera de España aseguraba el éxito misionero, que no se hace esperar.

Las fundaciones peruanas ponen de manifiesto la capacidad de las Siervas de san José para asumir la promoción y evangelización en zonas de misión, en la más estrecha pobreza, con gran espíritu de trabajo solidario y una gran alegría. Pronto se ganan el cariño de la gente y el aprecio de los obispos, que valoran muy positivamente su labor misionera y solicitan nuevas presencias. Las noticias que llegaban a través de boletines, fotografías y rudimentarias filmaciones ponían de manifiesto la ilusión y el entusiasmo de aquellas Siervas. Eran los años de la Cruzada Misional de Estudiantes, establecida en nuestros centros, y pronto comienzan a multiplicarse las vocaciones misioneras entre las aspirantes y las jóvenes religiosas josefinas.

Una de estas chicas es Isabel Méndez Herrero, que ingresa en la Congregación en 1944. Con una clara vocación misionera, ve truncadas sus ilusiones por una gravísima enfermedad. “Seré misionera por el sacrificio y la oración” decía. Fallece a los 29 años en Salamanca y al poco tiempo se introduce su causa de canonización. Misionera también era la vocación de Mª Dolores Fraga Iribarne, que ingresa en el noviciado el mismo año y que igualmente una enfermedad le impide realizar su sueño misionero; tenía 24 años cuando muere en Cuenca con fama de santidad.

Compañera de colegio de Mª Dolores y de noviciado de Mª Dolores e Isabel es Amadora Peña González, una de las fundadoras de la primera casa-misión de las Siervas de san José en Chile (Puerto Aysén, 1957). Mujer llena de alegre dinamismo, comprometida al máximo con los más necesitados, se peleaba con el cardenal arzobispo de Santiago, Mons. Silva Henríquez, por conseguir fondos para sus talleres solidarios, promovidos por ella en la más pura línea carismática de las Siervas de san José. Y siempre ganaba Amadora, porque Silva Henríquez terminaba cediendo al ver su fiel compromiso con personas tan necesitadas... Amadora Peña, Sierva de san José misionera, fallece en Santiago de Chile en 1986 muy querida por la gente de las poblaciones.

El compromiso misionero de nuestro Instituto lleva al capítulo general de 1963 a solicitar a la Santa Sede el título de Misioneras, que lo concede antepuesto al nombre –Misioneras Siervas de san José–, hasta que un nuevo capítulo general, el de 1975, profundizando en la raíz carismática de la Congregación, restaura el originario de Siervas de san José, sin perder nada de su espíritu misionero. 

Nazaret, semilla misionera

La raíz misionera de nuestra vocación está, sin duda, en nuestro Carisma, que nace de la contemplación de Nazaret. Allí bebe la Congregación su fuerza de encarnación y compromiso con los pobres del mundo del trabajo, especialmente con la mujer trabajadora pobre.

Más de la mitad de las 105 casas que conforman en la actualidad la Congregación se encuentran en países con grandes bolsas de pobreza, como Cuba, Argentina, Filipinas, Perú y Chile, antes mencionados, o Colombia (fundada en 1955), poblaciones latinas de USA (en 1957), Congo (1966), Papúa Nueva Guinea (1987), Bolivia (1993) y Vietnam (2003). En estos países están casi la mitad de las 720 religiosas profesas de la Congregación. El resto se reparte entre España y dos comunidades de Italia. En total estamos presentes en 13 países de los cinco continentes.

 

DATOS DE CONTACTO

SIERVAS DE SAN JOSÉ
C/Brisa 4
28003 Madrid
Mail:siervasdesanjose_web@yahoo.es

http://www.siervasdesanjose.org

 

Por Victoria López
Sierva de San José
Revista Misioneros Tercer Milenio